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Entre el mito y la realidad: la figura de la madrastra

Las madrastras en Disney - Clip de la película Cinderella III: A Twist in Time
Clip de la película Cinderella III: A Twist in Time

Toda madrastra posee facciones afiladas, vestimenta oscura, joyas ostentosas y un corazón negro como la noche.

Durante siglos, esta ha sido la representación dominante en el imaginario occidental, como resultado de la labor de numerosos autores —mayoritariamente hombres— que la fijaron desde la Antigüedad clásica con un fuerte sentido moral.

El filósofo Séneca señalaba como rasgo característico de las madrastras un rechazo instintivo hacia los hijos de otras mujeres, propio de un ser “dominado por pasiones irracionales”. El historiador Tácito, por su parte, concebía su perversidad como un rasgo psicológico que se manifestaba mediante la intriga y la manipulación. La madrastra aparece como una figura envidiosa y calculadora que rompe el supuesto orden natural de la familia.

En la literatura romana, este estereotipo quedó estrechamente vinculado al uso del veneno y al homicidio, consolidando la imagen de la saeva noverca, la madrastra despiadada.

En un contexto marcado por divorcios y altas tasas de mortalidad, los segundos matrimonios eran comunes, lo que convertía a la madrastra en una nueva mater familias.

Dado que la familia constituía el núcleo del poder económico y político, su llegada solía despertar recelos, especialmente por el temor a que la herencia terminara favoreciendo a sus propios hijos.

Madrastra como sinónimo de maldad

Con el paso de los siglos, esta idea se consolidó y se transmitió. Durante el Romanticismo alemán, Jacob y Wilhelm Grimm recopilaron relatos populares que acabarían convirtiéndose en los cuentos infantiles que hoy conocemos.

Sin embargo, existe un detalle tan llamativo como poco conocido: en las versiones originales publicadas en 1812, muchas de las atrocidades no eran cometidas por las madrastras, sino por las propias madres biológicas.

Para la sociedad burguesa del siglo XIX, la idea de una madre que atentara contra sus propios hijos resultaba moralmente inadmisible.

El amor materno se concebía como absoluto e indiscutible, y cuestionarlo generaba tal incomodidad que la cultura optó por trasladar el mal a otra figura femenina.

Con la madrastra, el conflicto se volvía narrativamente coherente: la culpa recaía en una mujer ajena que defendía los intereses de su propio linaje, mientras se mantenía intacta la imagen idealizada de la “buena madre”.

Las ficciones contemporáneas siguen explotando esta división porque genera un conflicto fácil de consumir para el público. El espectador se ha acostumbrado a que la fuerza narrativa femenina aparezca asociada al antagonismo.

La madrastra comparte el espacio doméstico e influye en recursos básicos como la comida, despertando temores antiguos vinculados a la supervivencia y a la posición familiar.

A esta carga simbólica se suma una paradoja persistente: se espera que la madrastra cuide como una madre, pero se la castiga si ocupa ese lugar afectivo o ejerce autoridad. Este doble vínculo refuerza su estigma como amenaza.

¿Ha cambiado actualmente la imagen de la madrastra?

En las últimas décadas ha surgido una narrativa alternativa que busca humanizar esta figura, mostrando madrastras que ejercen un amor elegido sin pretender sustituir a la madre biológica.

Sin embargo, el peso del imaginario cultural sigue siendo evidente. Un estudio de la UNED sobre familias reconstituidas en España muestra que el término es ampliamente rechazado por adultos y menores debido a su asociación con estereotipos negativos difundidos por la literatura y los medios de comunicación.

La propia RAE recoge el estereotipo negativo del término madrastra.
La propia RAE recoge el estereotipo negativo del término madrastra como una más de sus acepciones

Quizá el verdadero desafío no sea únicamente cuestionar la imagen de la madrastra, sino revisar el propio mito de la maternidad que ha sostenido ese estigma durante siglos.

Mientras la cultura siga exigiendo una madre perfecta, abnegada e incuestionable, también necesitará una figura opuesta que encarne las características que no debe tener: egoísmo, ambición o distancia emocional.

Cuestionar ese modelo no implica negar la importancia de la maternidad, sino reconocer que los vínculos familiares —biológicos o elegidos— son más complejos que los arquetipos con los que solemos nombrarlos. 

Y tú, amiga, ¿qué opinas de este término? ¿Conocías el origen de la palabra madrastra?

DESCUBRE LAS FUENTES 📚​
  1. Bryn Mawr Classical Review. (s. f.). https://bmcr.brynmawr.edu/1995/1995.04.17/#:~:text=In%20reading%20the%20two%20plays,important%20parts%20of%20the%20book.
  2. Francis, A. (2022, 11 diciembre). The myth of the evil stepmother. https://www.bbc.com/worklife/article/20221118-the-myth-of-the-evil-stepmother
  3. ¿Cuándo surgió el mito de la madrastra mala y por qué está tan arraigado en la cultura? Feminismo/s 23, junio 2014, pp. 113-133 DOI: 10.14198/fem.2014.23.06
  4. Las familias reconstituidas en España. (2023, 27 diciembre). UNAF. https://unaf.org/publicaciones/las-familias-reconstituidas-en-espana/
  5. Malasmadres. (2019, 26 junio). Ellas opinan: la madrastra – Club de Malasmadres. Club de MALASMADRES. https://clubdemalasmadres.com/ellas-opinan-madrastra/
  6. Nuño, A. (2022, 26 noviembre). ¿Cuándo surgió el mito de la madrastra mala y por qué está tan arraigado en la cultura? elconfidencial.com. https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2022-11-26/mito-madrastra-mala-arraigado-cultura_3527415/
  7. Padrastros, madrastras y hermanastros en las familias de la Hispania romana. (2023). Pyrenae, 54.1. https://doi.org/10.1344/pyrenae2023.vol54num1.5
  8. Rankin L, Krouskop HG, Fisher ML. Apego madre-bebé desde la perspectiva de madres jóvenes: ¿Apoyan los datos un instinto maternal? Soc Sci Med. 2024 Sep;357:117172. doi: 10.1016/j.socscimed.2024.117172. Publicado en formato electrónico 3 de agosto de 2024. PMID: 39121564.
Se observa el dibujo de una parte del rostro de una chica con piel rosa y ojos negros. Tiene el pelo azul. Lleva gafas de sol negras con líneas blancas, bajadas para que se le vean los ojos.

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