
La década de 1830 estuvo marcada por importantes acontecimientos políticos, sociales y culturales, como la aprobación de la Gran Reforma, que amplió el derecho al voto en el Reino Unido, o la derogación de la Ley Sálica en España, que permitiría que las mujeres reinaran.
En el campo de la estadística, el matemático belga Adolphe Quetelet desarrolló la fórmula que hoy conocemos como el Índice de Masa Corporal (IMC).
Durante décadas, el IMC ha sido el estándar clínico para clasificar a las personas en los rangos de bajo peso, peso normal, sobrepeso u obesidad.
Sin embargo, al evaluar la salud de las mujeres, esta fórmula matemática —que solo considera el peso y la altura— se revela como una herramienta limitada y, en ocasiones, engañosa.
Entonces, ¿es realmente el IMC una medida adecuada para determinar si una mujer tiene buena salud?
💡En este artículo hablaremos sobre:
Qué es el Índice de Masa Corporal (IMC)
El IMC es una fórmula matemática que relaciona el peso corporal con la estatura de una persona.
Es un indicador ampliamente utilizado en medicina nacional e internacional para evaluar nuestro estado nutricional, es decir, para saber si nuestro peso es saludable.
Entre las ventajas de interpretar correctamente el IMC se encuentra que ayuda a identificar el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, hipertensión arterial y ciertas formas de cáncer, como explica la Clínica Universitaria de Navarra.
Cómo se calcula el IMC
El IMC se calcula dividiendo el peso (en kilos) entre el cuadrado de la estatura (en metros).
Aunque suene complejo, realmente es muy sencillo: solo te hace falta saber cuánto pesas y cuánto mides.
Una vez que dispones de estos datos únicamente tienes que:
- Multiplicar tu altura por sí misma.
- Dividir tu peso entre el resultado del paso anterior.
Imagina una mujer que pesa 70 kilos y mide 1.70 metros. Para calcular su IMC, primero multiplicamos su altura por su altura: 1.70 x 1.70 = 2.89
Después, dividimos su peso entre ese resultado: 70 ÷ 2.89 = 24.2, obteniendo así su índice.
Los resultados se comparan con la clasificación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para identificar el nivel de riesgo correspondiente a cada rango:
- Bajo peso (menos de 18.5)
- Normal (18.5-24.9)
- Sobrepeso (25-29.9)
- Obesidad (30 o más).
Es importante destacar que, aunque este indicador utiliza los mismos rangos para hombres y mujeres adultos, su aplicación en niños y adolescentes es diferente.
En los menores, se utilizan tablas específicas que ajustan los resultados según la edad y el género, debido al aumento de estatura y al desarrollo corporal típicos de estas edades.

Limitaciones del IMC en la evaluación de la salud femenina
El IMC fue diseñado como una medida estadística poblacional y no como una herramienta capaz de evaluar de manera individual el estado de salud.
Esta situación afecta de manera específica a las mujeres, dado que se omiten factores biológicos, hormonales, reproductivos y socioculturales que condicionan la relación entre la masa corporal y el bienestar.
Por este motivo, parte de la comunidad científica cuestiona la aplicación de estándares generales para clasificar el peso, puesto que las pautas actuales se diseñaron a partir de estudios basados, casi por completo, en hombres de poblaciones occidentales.
Pero ¿cuáles son las limitaciones generales del IMC y cómo afecta de manera concreta a las mujeres?
El IMC no distingue entre grasa corporal y masa muscular
Al basarse únicamente en el peso y la altura, el IMC no tiene en cuenta la composición real del cuerpo. Esto puede provocar dos situaciones frecuentes:
Por un lado, una mujer con alta masa muscular (por ejemplo, que entrena fuerza de forma regular) puede ser clasificada como “sobrepeso” o incluso “obesidad”, a pesar de tener un porcentaje de grasa bajo y un buen estado de salud metabólica. Su peso es mayor no por exceso de grasa, sino por el desarrollo muscular.
Por otro lado, una mujer con baja masa muscular puede ser clasificada como “normopeso” porque su peso total está dentro de los rangos establecidos, pero en realidad puede presentar un porcentaje elevado de grasa corporal. En este caso, el IMC no detecta el riesgo metabólico asociado a esa composición corporal.
Esta limitación fue mostrada, entre otros, por el estudio Precisión del índice de masa corporal para diagnosticar la obesidad en la población adulta de EE. UU. Este analizó la precisión del índice de masa corporal frente al porcentaje de grasa corporal real en 13.601 adultos estadounidenses.
Mientras el IMC diagnosticó obesidad en el 21% de hombres y el 31% de mujeres, la medición de grasa corporal demostró que la obesidad afectaba realmente al 50% y al 62%, respectivamente, evidenciando que el IMC subestima la obesidad al no diferenciar masa muscular de grasa.
En ambos ejemplos, el problema es el mismo: el IMC no mide la calidad del peso, sino solo su relación con la altura.
El IMC ignora características físicas como la edad
Otra limitación del índice de masa corporal es que no tiene en cuenta determinadas características físicas que pueden influir en la precisión de sus resultados.
Nick Trefethen, matemático de la Universidad de Oxford, demostró que la fórmula tradicional del IMC falla porque nos calcula como si fuéramos planos, sin tener en cuenta nuestro volumen tridimensional.
Debido a este error de diseño, la fórmula penaliza a las personas altas asignándoles más sobrepeso real, mientras que a las personas bajas les oculta el exceso de grasa al restarles peso.
Por otra parte, a medida que envejecemos, el cuerpo sufre cambios físicos que reducen nuestra estatura real. Factores como la deshidratación de los discos de la columna o las microfracturas en las vértebras alteran de forma directa la relación entre el peso y la talla. [2 & 3]

Embarazo, hormonas y cambios fisiológicos que el IMC no contempla
Durante el embarazo, el cuerpo femenino experimenta importantes adaptaciones anatómicas, hormonales y metabólicas que el IMC no es capaz de contemplar.
El aumento de peso no responde únicamente a la acumulación de tejido adiposo, sino a alteraciones fisiológicas, como la retención de líquidos, o a procesos esenciales para el desarrollo fetal.
Según el artículo Distribución del peso ganado en el embarazo, este se reparte aproximadamente en:
- el bebé (~3,5 kg),
- el aumento del volumen sanguíneo y de líquidos corporales (~3 kg),
- el crecimiento del útero y las mamas (~1,4 kg)
- Y las reservas de grasa materna (~3,5 kg), necesarias para sostener la lactancia y el gasto energético posterior.
Además, el embarazo modifica el centro de gravedad, la presión sobre los órganos y la dinámica del sistema urinario. Por ejemplo, los riñones aumentan su tamaño y llegan a filtrar hasta un 50 % más de sangre.
Por último, el IMC no evalúa variables como la resistencia a la insulina o los niveles de hormonas. Esto implica que una mujer puede presentar un IMC elevado con un metabolismo completamente adaptado a la gestación.
IMC y mujeres racializadas: un indicador con sesgos históricos
Por su origen histórico, el IMC discrimina e invisibiliza las realidades de las mujeres racializadas al intersectar sesgos de género y etnia.
Esta imprecisión no es casual, sino el resultado directo de cómo se construyó el indicador a partir de poblaciones exclusivamente masculinas y blancas.
El origen del IMC y su desarrollo a partir de poblaciones masculinas blancas
Quetelet se inspiró en las curvas de campana matemáticas para definir las características del «hombre normal» europeo. Ciento cuarenta años después, en 1972, el fisiólogo Ancel Keys acuñó oficialmente el término «índice de masa corporal» y validó su uso médico actual a través de un famoso estudio.
Sin embargo, la base científica de Keys arrastraba los mismos problemas de origen. Su investigación se realizó con una muestra de 7.426 hombres considerados «sanos», divididos en grupos cuyas edades no eran uniformes —desde estudiantes universitarios de 18 años hasta ejecutivos de 59—.
En este proceso, no se incluyó a ninguna mujer y el diseño muestral careció por completo de una representación étnica y racial adecuada.[12]
De los miles de participantes, el 84,48% eran hombres caucásicos de Estados Unidos y Europa. El resto del mundo quedó reducido a porcentajes marginales y aleatorios: apenas un 13,9% de ascendencia asiática y un residual 1,56% de ascendencia sudafricana, omitiendo a otras poblaciones clave como la hispana.
Esta profunda asimetría demuestra que los estándares universales del IMC se diseñaron bajo un molde androcéntrico y eurocéntrico.
Al ignorar por completo las variaciones biológicas y de composición corporal según el sexo y la etnia, el IMC se perpetúa hoy como una herramienta inexacta para la salud de las personas racializadas.

Por qué el IMC es menos preciso en mujeres racializadas
El uso generalizado de esta cifra matemática ignora que la composición corporal varía según el origen étnico.
Por ejemplo, en la literatura científica se ha subrayado que en muchas poblaciones asiáticas existe una mayor proporción de grasa corporal total y, especialmente, de grasa visceral a valores de IMC más bajos en comparación con poblaciones europeas.
Por este motivo, una consulta de expertos de la Organización Mundial de la Salud (World Health Organization, 2004) concluyó que los puntos de corte tradicionales (IMC ≥25 para sobrepeso y ≥30 para obesidad) no reflejan adecuadamente el riesgo metabólico en todas las poblaciones asiáticas, proponiendo usar puntos alternativos (como fijar el riesgo aumentado a partir de un IMC de 23).
En poblaciones afrodescendientes, múltiples estudios han mostrado una mayor densidad mineral ósea y una mayor masa libre de grasa en comparación con poblaciones europeas con el mismo IMC.
Como hemos comentado, esto puede provocar que se clasifique por error a personas sanas como si tuvieran sobrepeso, simplemente porque el músculo y el hueso pesan más que la grasa.
Esta falta de precisión universal ha llevado a que organismos como la Asociación Médica Americana (American Medical Association, 2023) emitan políticas oficiales donde se reconoce la incapacidad del IMC para distinguir entre masa grasa y magra, determinando que no debe utilizarse como herramienta diagnóstica única debido a sus evidentes sesgos hacia las mujeres y las minorías étnicas.
¿Debe seguir utilizándose el IMC para valorar la salud?
En la actualidad, la comunidad científica y los consensos médicos cuestionan cada vez más el uso del IMC como indicador diagnóstico único debido a sus limitaciones estructurales.
Al haber sido diseñado originalmente a partir de datos estadísticos de poblaciones masculinas y europeas del siglo XIX, este índice no se adapta con precisión a la diversidad demográfica actual.
En las mujeres, por ejemplo, el IMC presenta márgenes de error al no diferenciar la masa grasa del tejido muscular o la densidad ósea, y al omitir variaciones biológicas normales ligadas a los cambios hormonales o al embarazo.
Esta falta de precisión es aún mayor al evaluar a mujeres racializadas, ya que el indicador ignora las diferencias naturales en la distribución corporal de los distintos grupos étnicos. Asimismo, un enfoque centrado exclusivamente en el peso puede invisibilizar determinantes sociales de la salud fundamentales, como el estrés crónico, el entorno socioeconómico o las desigualdades estructurales, lo que en algunos casos dificulta la detección temprana de patologías.
Por otro lado, la dependencia del IMC tiene implicaciones significativas en la salud psicológica. Al reducir la evaluación del bienestar a un único parámetro numérico, se corre el riesgo de etiquetar de forma simplista la diversidad corporal, lo que aumenta la insatisfacción con la propia imagen y puede actuar como factor de riesgo en el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria (TCA).

En el caso de las mujeres racializadas, esta presión psicológica se complejiza al cruzarse los estándares normativos de delgadez con cánones estéticos de base eurocéntrica.
Por estas razones, la tendencia de la medicina preventiva avanza hacia la adopción de herramientas complementarias y más representativas, como la circunferencia de la cintura, la relación cintura-cadera o la relación cintura-altura.
Estos indicadores permiten evaluar la adiposidad abdominal real de manera más precisa y equitativa, teniendo en cuenta el sexo, la etnia y las particularidades biológicas de cada paciente.
Y tú, amiga, ¿conocías el origen sesgado del IMC? ¿Alguna vez has sentido la presión de encajar en el número que dicta tu índice?
DESCUBRE LAS FUENTES 📚
- AMA: American Medical Association. (14 de junio de 2023). AMA adopts new policy clarifying role of BMI as a measure in medicine. Public Now. https://www.publicnow.com/view/01E64C80FE5C7076907762106EA256138EBC4FD8?1686772049
- Butler R, McClinchy J, Morreale-Parker C… BMI calculation in older people: The effect of using direct and surrogate measures of height in a community-based setting. Clinical Nutrition ESPEN, 2017; 22, 112-115. Recuperado de: BMI calculation in older people: The effect of using direct and surrogate measures of height in a community-based setting – ScienceDirect
- Cambios en huesos, músculos y articulaciones por el envejecimiento: MedlinePlus enciclopedia médica. (2024). https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/004015.htm
- Carrillo-Mora, P., García-Franco, A., Soto-Lara, M., Rodríguez-Vásquez, G., Pérez-Villalobos, J., & Martínez-Torres, D. (2021). Cambios fisiológicos durante el embarazo normal. Revista de la Facultad de Medicina, 64(1), 39-48. https://doi.org/10.22201/fm.24484865e.2021.64.1.07
- DW Español. ¿El IMC discrimina según raza y género? (2025). YouTube. Recuperado de: https://www.youtube.com/shorts/7loD9pbB5rE
- Eloi. (2025). Restriccions alimentàries i el seu impacte en la salut mental. ReCrea. https://recreagastronomia.com/es/2025/07/restricciones-alimentarias-y-su-impacto-en-la-salud-mental/
- Exposure to weight stigma causes physiological stress. (2024). Yale News. https://news.yale.edu/2014/01/16/exposure-weight-stigma-causes-physiological-stress
- ÍHaq, N., Chamarthi, V. S., & Ayabe, A. (2025). Obesity in Pregnancy. StatPearls – NCBI Bookshelf. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK572113/
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Obesidad (Silver Spring, Maryland),
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- TRASTORNOS DE COMPORTAMIENTO ALIMENTARIO EN LA ÉLITE DEPORTIVA | Loles Vives. (2021). https://lolesvives.com/trastornos-de-comportamiento-alimentario-en-la-elite-deportiva/
- WHO Expert Consultation (2004). Appropriate body-mass index for Asian populations and its implications for policy and intervention strategies. Lancet (London, England), 363(9403), 157–163. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(03)15268-3
- Zelaya, D. C. P. (2025). Índice de masa corporal. https://www.cun.es/escuela-salud/indice-masa-corporal

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