
Amiga, hoy es un día de celebración porque, después de más de seis años, he podido recuperar gran parte de los artículos que escribí en una etapa muy importante de mi vida.
¿Es una exageración? Personalmente creo que no, aunque supongo que depende de los ojos que lean esta historia. Para mí, fueron mis primeros artículos fuera del ámbito académico. No era un trabajo de la universidad, sino un periódico digital que había querido colaborar conmigo.
Pero, sobre todo, fueron los primeros artículos que me permitieron confiar realmente en mí misma; mis primeros rechazos ante la petición de una entrevista; las primeras figuras internacionales o referentes nacionales que me dedicaron parte de su día para contestar mis preguntas.

He de reconocer que, desde mis inicios en 2017, he sido una afortunada a la hora de escribir. Mi madre me enseñó a intentar todo aquello que realmente me hiciera ilusión y, bajo esa premisa, escribí sobre todo los hechos que consideraba necesario que se supieran.
Nunca me atrajo (y lo sigo evitando a día de hoy) entrevistar a las figuras más reconocidas ni aprovechar el hype. Prefería ir a mi ritmo y hacerme una idea propia, antes de correr a repetir lo que otros ya habían escrito.
Uno de los primeros artículos más ‘oficiales’ fue para la asignatura de redacción periodística. Debía buscar una figura pública nacional para entrevistar en persona (no valía por ordenador).
Hubo compañeros que cogieron trenes hacia Madrid o Barcelona y entrevistaron a reconocidas personalidades del mundo de la moda. Muchos creyeron que no me atreví a hacer un proyecto grande, pero realmente nunca me he arrepentido ni me arrepentiré del punto de vista que elegí.
Me pareció una locura coger trenes o buses para desplazarme tantos kilómetros, teniendo en cuenta que estudiaba y trabajaba. Amaba (amo) Andalucía y, concretamente, Sevilla, que ha sido y continúa siendo la cuna de grandes artistas, intelectuales y especialistas.
Años atrás había entrevistado a autores de libros y pensé en por qué no contactar con una autora independiente, Pilar González. Era mi forma de destacar aquellas vivencias que no siempre aparecían en los periódicos, pero que estaban llenas de detalles e intrahistorias.
Aprendí mucho de esa entrevista (gracias, E., por acompañarme): a gestionar los nervios (que nunca desaparecerán), a seguir escribiendo lo que yo pensaba que era importante, porque todas nuestras historias tienen algo especial.
Desde entonces, he tenido el privilegio de escribir lo que he querido. No me malinterpretes, amiga, no ha sido por pura suerte. He tenido que demostrar mucho, como mujer y como clase trabajadora, que he merecido todos y cada uno de los puestos que he ocupado.
Tuve que demostrar que sabía dirigir un equipo, aunque mi puesto era solo de redactora, para que, a pesar de que mi jefe pensara que escribir sobre mujeres era «un tema menor», me permitiera entrevistar a mujeres pioneras en el deporte.
Sorteé la imposición de usar fuentes masculinas cuando, en los reportajes callejeros, me acercaba a mujeres o madres, fuentes que suelen aparecer menos en televisión y radio. Y así con todo. Busqué diversidad y la coloqué en el centro.
A los trabajos de la universidad se les sumaron los artículos de una plataforma digital donde subía mis ideas. Me leían pocos lectores y la plataforma no me generaba ingresos, pero no paré de escribir mientras iba descubriendo que, más allá del periodismo social, el feminismo era una parte transversal de mi escritura.
Y, en toda esa vorágine de pensamientos y decisiones, llegó Inés. Leí su mensaje en Twitter una calurosa noche de verano. Inés era periodista y había creado su propio medio digital sobre deporte femenino, Destella Deporte Femenino.
Era un hito por varias razones, dos principales: únicamente cubrían deporte femenino (algo aún muy poco común) y su equipo redactaba sobre casi todas las disciplinas existentes, un enfoque innovador en el periodismo deportivo, donde en la organización de noticias suelen predominar fútbol, baloncesto y un batiburrillo de noticias variadas.
Inés me propuso colaborar como redactora. Yo escribiendo sobre deporte; el chiste se cuenta solo. Sin embargo, no dejaba de rumiar la propuesta. Me daban la oportunidad de escribir sobre la historia de mujeres, de redactar leyendas, entrevistas y crónicas deportivas.
Había escrito e investigado sobre medicina, salud mental, literatura y delitos cibernéticos y sexuales (tan extendidos ahora en los periódicos). ¿Por qué tenerle miedo a probar otro ámbito? Siempre había una redactora experta que revisaba el contenido, y sabía que yo podía hacerlo.
Confíe en su propuesta y en mí misma. Fue la primera vez que escribí sobre un área que conocía muy poco; no fue la última.
Realicé mi primera entrevista a la exjugadora de vóley María Segura. Cuando terminé de grabarla, llegué al salón dando saltos de alegría hacia mi madre para comentarle que una estrella internacional había querido contarme cómo veía el deporte en España, sus inicios en la disciplina y que le gustaba comer espagueti con tomates el día de la competición.
Es cierto que me equivoqué a lo largo de esos meses y habría cosas que ahora rectificaría, con la diplomacia y la experiencia que te da pasar por otras anécdotas laborales.
Pero disfruté la experiencia como una cría. Cubrí parte de los Juegos Olímpicos; me enamoré del balonmano gracias a la final del Málaga Costa vs. el Gijón; descubrí referentes increíbles e incluso me hice fan del podcast del periódico (Tienen historia) y lo escuchaba cada domingo mientras limpiaba mi habitación, como un ritual.
Lamentablemente, el proyecto tuvo que decir adiós y en 2021 cerró sus puertas. Por aquella época, amiga, no había aprendido aún la importancia de guardar copia de los artículos y perdí las más de 20 piezas que había creado en todo ese tiempo.
Supuso una pérdida emocional grande porque no solo se borró todo aquello en lo que trabajé y que no tenía forma de (de)mostrar, sino que también fue como borrar una parte de mi vida donde me atreví a escribir siguiendo mis ideas.
Han pasado más de cinco años desde aquello. Pero, debido a las vueltas de la vida, hace poco en un vídeo descubrí que es cierto lo que dicen: una vez que se sube algo en Internet, no se borra o, al menos, siempre hay un rastro.
Empecé una investigación con mayor profundidad y, utilizando herramientas que no conocía en ese entonces, he podido recuperar todos los artículos.
Ni siquiera fui consciente de la alegría que supuso para mí hasta que se lo comenté a mi amiga. Ella había visto todo el crecimiento y darle esa buena noticia fue como despertar y decir: ‘ey, esto lo hice yo’. Fue tan importante escribirlo como lo ha sido recuperarlo, tanto como para escribir este artículo.
A veces no somos conscientes de todo lo que podemos lograr, amiga, y viene bien un pequeño recordatorio de vez en cuando. Para mí esos artículos, que ya he subido gran parte al nuevo blog, son la muestra de que, a pesar de las dificultades, escribo por y para el objetivo con el que inicié la carrera de periodismo: contar aquellas historias de a pie de calle que no salen en los medios; la historia de las mujeres despedidas de sus trabajos por haber tenido cáncer; la familias deshuciadas por los fondos buitres de las entidades financieras; la de la mujeres que no saben que han sufido violencia psicológica.
Por ti, amiga, por tus hijas, por mis futuras ahijadas, por mí misma, para que no suframos violencia ni acoso, para que nadie se aproveche de nosotras en ningún sentido.
Hoy he recuperado parte de mi carrera periodística y también un poco de fe en esta profesión.
Un beso a Inés por su confianza y a ti, amiga, que me lees este domingo.
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